lunes, 11 de julio de 2011

Aumenta el número de "turistas" cubanos


Los cubanos residentes en la isla y los emigrados que la visitan se han convertido en el grupo turístico más numeroso después de los canadienses, según informó un comentarista económico de la televisión oficial.
Fernando Ravsberg

Este ascenso estuvo determinado por la apertura de los hoteles a huéspedes nacionales y el crecimiento del número de emigrados que visitan Cuba, que fueron 300.000 en 2010 y se espera que este año aumenten en un 30%.

Los viajes se dispararon después de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, eliminara las leyes de su antecesor, George W. Bush, que prohibían a los cubano-estadounidenses viajar a la isla más de una vez cada tres años y limitaban el dinero que podían gastar.

La situación ha hecho sonar todas las alarmas del anticastrismo de Miami, que está proponiendo en Washington leyes para prohibir los viajes, una iniciativa que despertó el rechazo público de una parte de la disidencia interna.

Según el Ministerio de Turismo de Cuba, el número de visitantes que recibe la isla cada año ronda los 2,5 millones. De ellos, 945.000 son canadienses, 174.000 británicos, 112.000 italianos, 104.000 españoles, 93.000 alemanes y 80.000 franceses.

Desde que el presidente Obama eliminó las restricciones, la cantidad de emigrados que viajan a Cuba anualmente se triplicó, superando el número de turistas británicos, italianos y españoles en su conjunto.

Muchos vienen con dinero para explorar la posibilidad de comprar una casa o un automóvil a través de sus familiares e incluso sueñan con invertir pequeñas cantidades de dinero en negocios que pueden llegar a ser muy lucrativos.

Un viaje caro

Los emigrados le dejan dinero a Cuba desde que inician los trámites de viaje, pagando cientos de dólares en pasaportes y permisos de entrada al país. Los precios de los pasajes aéreos son también altos respecto a la distancia que recorren.

La mayoría visitan la isla para ver a sus familiares y vienen cargados de regalos. Los bolsos que traen, curiosamente llamados "gusanos", son pesados y cobrados dos veces, una en el aeropuerto de Miami y otra al llegar a La Habana.

Cuba sólo autoriza 30 kilogramos de equipaje. Las maletas se pesan y todo lo que exceda esa cantidad debe pagarse a US$10 el kilo. Los efectos electrodomésticos como televisores, DVDs o computadoras son gravados con un impuesto del 100%.

Una vez fuera del aeropuerto siguen gastando mucho. Aunque generalmente no pagan hospedaje, se mueven en compañía de familiares y amigos, con lo que se disparan sus facturas en supermercados, tiendas, restaurantes y bares.

Los emigrados no son el único grupo de cubanos que se hospedan en hoteles. Muchos residentes en la isla con ingresos en dólares también lo hacen y durante el verano de 2010 se convirtieron en el 10% de los huéspedes registrados.

Se trata de personas que trabajan para empresas extranjeras o por cuenta propia, pequeños campesinos, empleados del sector turístico, receptores de remesas familiares y un número de individuos cuyas fuentes de divisas son un misterio.

Los cubanos -emigrados y residentes- que se hospedaron en hoteles el año pasado llegaron a sumar 3,3 millones de pernoctaciones frente a los 16 millones de los turistas extranjeros registrados por la Oficina Nacional de Estadísticas.

Promueven prohibición

Para los políticos anticastristas de EE.UU., la situación es desagradable: no sólo está ingresando dinero fresco a las arcas del Estado cubano, sino que además se les hace difícil explicar cómo es que los refugiados políticos van de vacaciones al país que los persigue.

Tratando de revertir la situación, el legislador cubano-estadounidense Mario Díaz-Balart logró introducir en la ley de gastos para servicios financieros del año fiscal 2012 una propuesta que limita las remesas y prohíbe los viajes a Cuba de los emigrados.

La iniciativa fue inmediatamente rechazada por la Agenda para la Transición, frente que reúne a varias organizaciones disidentes dentro de Cuba. Su portavoz, Francisco Chaviano dijo que esa ley dejará al pueblo cubano atenazado entre dos fuegos.

Tampoco contará con el apoyo de aquellos cubanos que tienen la familia dividida entre Cuba y Miami. Incluso empresarios provenientes del exilio radical, como Carlos Saladrigas, se preparan para invertir en la isla apenas La Habana se lo autorice.

Argentina: en tierra de vacas, el pescado es rey


Los datos son crudos y claros. Argentina exportó en los primeros cinco meses del año 66.000 toneladas de carne, pero entre enero y abril envió al exterior 145.000 toneladas de pescado y productos del mar. Más del doble.
Vladimir Hernández

Argentina es conocida históricamente en el exterior por el tango, el fútbol y la carne. Ahora, quizás lo sea por su pescado. Un producto, que sin embargo, prácticamente no se consume dentro del país.

Tal situación se debe a que mientras que la producción ganadera para otros mercados viene en caída en los últimos tres años, la industria del pescado va en ascenso.

Desde 2006 el gobierno argentino empezó a introducir licencias de exportación para los productores locales en un intento de reducir el valor de la carne para consumo interno.

Igualmente, muchos productores han incursionado en otros campos como la siembra de soja (de alta demanda en China), el cual ha sido más rentable.

El resultado es que hace cinco años en Argentina había unas 58 millones de cabezas de ganado, mientras que hoy en día hay unas 48 millones de acuerdo a las estadísticas oficiales.

Según señalan los actores del sector, la baja es equivalente al total del stock de bovinos de Uruguay.


Precios

"Se pensaba que al reducir las exportaciones habría una mayor oferta y eso permitiría la baja de los precios dentro del país", señaló a BBC Mundo, Carlos Pujol, consignatario de haciendas, el oficio de quienes trabajan en el remate diario del ganado en el principal mercado de carne de Argentina, como puede ver en el video anexo a esta nota.

"Pero lo que se logró fue una baja del stock porque la hacienda que destina el productor a la exportación no es la que privilegia el consumidor argentino y por ende se causó más bien un perjuicio a la producción", agregó Pujol.

El objetivo del gobierno del expresidente Nestor Kirchner, y su sucesora, Cristina Fernández de Kirchner, ha sido combatir la inflación en el valor de la carne que consume el argentino.

"Sí, bajaron los precios, pero se afectó la productividad", afirma Pujol.

"Éramos conocidos por la excelencia de nuestra producción y no por la cantidad. Pero cuando se pierde la calidad, caen los precios. Es tradicional en gobiernos peronistas privilegiar el consumo de carne barata", aseveró.

Pese a su abaratamiento, el consumo interno del producto bovino en la población se ubicó el año pasado en el valor más bajo en una década, 56,7 kilos por habitante (en 2009 fue de 68 kilos).

No obstante, para el sector productor, la menor venta de carne en el exterior se puede llegar a ver compensada por la variación de los precios internacionales.

Pese a que se colocaron menos kilos de carne entre enero y mayo de 2011 frente al mismo período del año anterior, el valor de venta subió 18% al ubicarse en US$546 millones.

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Cabezas de ganado en Argentina


2005:  57,0
2006:  58,2
2007:  58,7
2008:  57,5
2009:  54,4
2010:  48,9


Cifras en millones. Fuente: Ministerio de Agricultura de Argentina.

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¿El rey del pescado?

El mercado de exportación, en cambio, lo es prácticamente todo para la industria pesquera argentina.

"Si colocamos 7% de lo que pescamos saturaríamos la demanda", afirmó a BBC Mundo Oscar Fortunato, presidente del Consejo de Empresas Pesquera Argentinas (CEPA).

Este sector pasó en los últimos año a prácticamente duplicar su importancia como proveedor internacional, al pasar de 1,5% a casi 3% del mercado mundial de exportadores de productos del mar.

Además de pescados (como la merluza), los empresarios del ramo dependen también de productos como langostinos y calamares (este último ha tenido una reciente alza de precios considerable por la reducción de su oferta).

En los primeros cuatro meses de 2011, el sector percibió más de US$400 millones al proveer la demanda de lugares como Brasil, Asia, el Caribe y Europa. El ingreso obtenido es 39,8% superior al mismo período de 2010.

Sin embargo, en el sector afirman que la situación tampoco es necesariamente buena.

"Estamos muy limitados al sólo poder exportar lo que pescamos, porque con los vaivenes de los precios muchas veces trabajamos a pérdida", señaló Fortunato.

Los empresarios pesqueros además han tenido que lidiar con alzas en el costo de la mano de obra (casi 80%), combustible y pagos por refrigeración.

"Además no contamos con el mercado interno porque el argentino consume poco pescado. A diferencia de la carne que sí puede trabajarse para el mercado local", aseveró el presidente de CEPA.

Y agregó: "el crecimiento del volumen pesquero va asociado en un momento en que la carne está en un muy mal momento. Pero no tienen ninguna relación, son mercados completamente diferentes".

Sin embargo, no deja de ser interesante observar cómo van mutando las ofertas del país hacia el exterior, y la percepción sobre los productos como marcas.

La emblemática carne argentina viene perdiendo peso en el mercado internacional, a diferencia del pescado, pese a sus propios problemas de producción.

Sólo falta que Argentina empiece a exportar beisbolistas en vez de futbolistas.

Si los peces no pueden volver a Bolivia...


Las comunidades en la región sureña de Tarija en Bolivia dependen en gran medida de la pesca en el río Pilcomayo. Ahora, la irregularidad de las lluvias ha provocado una rápida acumulación de sedimentos, lo que ha interrumpido los ciclos de vida de los peces, poniendo en riesgo el medio de sustento de estas comunidades.
Mattia Cabitza

Estamos en el punto más alto de la temporada de pesca en el sur de Bolivia y decenas de hombres, mujeres y niños se reúnen con grandes expectativas en las orillas fangosas del Pilcomayo.

Con la ayuda de un bote de madera y un par de hombres a quienes el agua les llega a la cintura, la gente de Capirendita, una comunidad indígena weehnayek, lanza una red de pesca a lo ancho del río.

En cuestión de minutos, comienzan a tirar de una cuerda y la red comienza a emerger de las aguas marrones.

Los ojos de toda la comunidad revisan la red, en busca de una abundante pesca en la malla, pero muy pocos peces aparecen en la orilla.

"Son sólo cinco", dice un hombre, después de colocarlos dentro de una gran bolsa de fibra, que sirve de recordatorio de la cantidad que se pescaba antes.

"El año pasado, capturamos 10.000 al día", señala José Segundo, un líder de la comunidad, compuesta por 220 familias.

"Pero ahora ni siquiera mil. Ni siquiera lo suficiente para podernos alimentar", lamenta.

Su esposa, Roxana Cabrera, junto con sus tres hijos pequeños, observa lo que sucede desde su tienda de campaña. Ella también está preocupada porque la familia ya no puede ganarse la vida con la pesca.

"Cada vez que lanzamos la red, a los sumo aparecen 10 o 15 peces", dice Roxana.

"Ahora no ganamos más de 10 bolivianos (US$1.44). Solíamos ganar 300 bolivianos", agrega.

Cambio en las precipitaciones

El gobierno de Bolivia declaró a la región del Pilcomayo una zona de desastre nacional.

"Estamos viviendo un momento muy crítico", afirma Alejandro Romero, de la Oficina Técnica Nacional de los ríos Pilcomayo y Bermejo.

"Vemos una degradación ambiental de gran magnitud en toda la cuenca del Pilcomayo".

Romero explica que el río naturalmente transporta hasta 170 millones de toneladas de sedimentos cada año, que se depositan en la cuenca baja, en los países vecinos de Paraguay y Argentina, hacia donde fluye el Pilcomayo.

Sin embargo, en los últimos dos años, un irregular patrón de lluvias en Bolivia, donde crece el río, ha acelerado el proceso de sedimentación, indica Romero.

Lluvias más intensas significan que el río lleva más agua río abajo a una velocidad más alta, causando una erosión más rápida a su paso.

Este fenómeno, explica Romero, crea bancos de arena más grandes que los habituales en las llanuras de Paraguay y Argentina.

Los sedimentos allí bloquean el flujo del Pilcomayo después de la temporada de lluvias, cuando es natural que disminuya sustancialmente el volumen de agua.

"Hay una zona del río donde se registra una progresiva acumulación de sedimentos y ahora está bloqueada", señala Romero.

La zona a la que se refiere está ubicada a la entrada del Bañado La Estrella, un enorme pantano en la provincia de Formosa en Argentina, donde el sábalo, el pez del Pilcomayo, se alimenta y engorda.

Camino cerrado

Al igual que el salmón en América del Norte y Europa, el sábalo, pez del que dependen 6.000 familias sólo en Bolivia, nada río arriba para desovar.

Pero, debido a la acumulación de barro, ahora no puede completar su ciclo de vida y alcanzar sus lugares naturales de reproducción en el sur de Bolivia.

"La situación de los pueblos indígenas es muy preocupante", dice Moisés Sapiranda, el líder de Orcaweta, una organización que agrupa a los 42 miembros de las comunidades indígenas weehnayek y tapiete en Bolivia.

"Hemos dependido de la pesca por más de 500 años. Es el único alimento que tenemos durante la temporada de pesca", indica, refiriéndose al período del 15 de abril al 15 de septiembre.

"Si la gente no pesca, pasan hambre y emigran a otras zonas en busca de trabajo", afirma.

Debido a los patrones cambiantes del clima, el gobierno boliviano teme que el problema se repita cada año y afecte regularmente a los 1,5 millones de personas que viven en toda la cuenca del Pilcomayo.

La búsqueda de soluciones

"En primer lugar, necesitamos llevar a cabo trabajos de ingeniería para garantizar el constante flujo de agua", dice Nelson Rodríguez Aguilar, de la Oficina Técnica Nacional de los ríos Pilcomayo y Bermejo.

"La otra opción es la construcción de lagunas artificiales en el territorio boliviano, de forma tal que podamos tener peces allí", añade.

Tal decisión no sería popular entre los países vecinos de Bolivia porque significaría desviar agua de su agricultura y su industria.

Bolivia reconoce que esta opción sería el último recurso. Bolivia quiere que Argentina haga un dragado de los sedimentos en su zona del río, para que los peces puedan nadar contra la corriente, una vez más.

Argentina indicó que ha empezado a hacer este trabajo y que tomará semanas terminarlo.

A pesar de las garantías de los países vecinos y del gobierno de Bolivia de que las partes involucradas están haciendo todo lo posible, la gente que depende del río no está satisfecha.

"Para nosotros, el Pilcomayo es como una madre que nos da vida", dice Moisés Sapiranda, el líder de Orcaweta.

"Nuestra gente está unida y vamos a seguir presionando a las autoridades", asegura.

Sapiranda añade que van a establecer controles de carretera y que están dispuestos a seguir protestando hasta que el problema se resuelva.

El "sueño americano" atrae a menos mexicanos


Hace unos meses las autoridades de Michoacán, en el oeste de México, notaron un súbito aumento en los estudiantes matriculados en las escuelas. También subieron las solicitudes a sus programas sociales, y después hubo informes de que las fiestas en algunos pueblos fueron más concurridas de lo normal.
Alberto Nájar

En los tres hechos hay un común denominador: bajó la migración de mexicanos hacia Estados Unidos.

De hecho, en el último censo de población el gubernamental Instituto Nacional de Estadísticas y Geografía (Inegi), detectó más personas de las esperadas pues muchos que pensaban emigrar decidieron quedarse.

El fenómeno empieza a cambiar la vida en muchas comunidades de México, especialmente las que dependen de remesas o tienen problemas de marginación. Michoacán, uno de los estados con mayor flujo migratorio del país, es un ejemplo.

El cambio demográfico genera aprietos económicos al gobierno local, porque no alcanza el presupuesto para atender a las familias que se quedaron sin remesas, volvieron de Estados Unidos o fueron deportados.

"Hay más demanda. Tenemos miles de personas más en el estado y todos necesitan un empleo, comer, generar recursos", le dice a BBC Mundo Zaida Mandujano, secretaria del Migrante de Michoacán.

Remesas sistémicas

¿Por qué bajó la migración a Estados Unidos?

Hay varias respuestas, dice Jorge Durand, académico de la Universidad de Guadalajara y uno de los pioneros en la investigación del fenómeno en México.

La primera es la crisis económica estadounidense que afectó sobre todo a las áreas donde trabaja la mayoría de los indocumentados mexicanos, es decir, la construcción y servicios.

Otra respuesta es el clima de inseguridad en México por la guerra contra y entre carteles, que hace más peligroso el viaje.

"El problema ya no es sólo cruzar el desierto sino de que te asalten y te maten antes de llegar a la frontera", explica Durand a BBC Mundo. "El riesgo que había en años anteriores se multiplicó por diez".

Una explicación más es que quienes financiaban la migración indocumentada ya no pueden hacerlo.

En el último siglo los mexicanos establecieron una extensa red de familiares y amigos que les acogían y ayudaban a conseguir empleo, además de prestar dinero para cubrir la cuota de los "coyotes", como se llama a los traficantes de humanos.

El mecanismo, conocido como "remesa sistémica", dejó de funcionar hace tres años.

"El que está allá o no tiene trabajo, o vive una situación precaria en su empleo. La mayoría no tiene dinero para prestar a los familiares", explica Durand.

Cambios

El flujo migratorio también bajó por el clima anti inmigrante en varias regiones de Estados Unidos, sobre todo en donde los congresos locales autorizaron nuevas más leyes más restrictivas contra los indocumentados, y también porque aumentó la vigilancia en la frontera sur de ese país.

Todos estos factores hacen más cara la decisión de emigrar, pues contrario a otros años ahora la ganancia es menor. Hace una década la diferencia salarial entre México y Estados Unidos era de 8 a 1 pero se redujo a la mitad, afirma Durand. Otros expertos coinciden en que la situación socioeconómica de muchas comunidades mexicanas ha mejorado en la última década.

Así, muchos mexicanos piensan dos veces antes de salir del país lo cual complica la situación de las comunidades de origen, cuenta Zaida Mandujano.

En muchos municipios aún sigue la pobreza que impulsó a la migración, algo que no cambiará en el corto plazo según han reconocido las autoridades.

"En los últimos tres años ha habido cambios radicales, y los gobiernos deben adaptarse a la realidad del fenómeno", reconoce la secretaria del Migrante.

Joroba migratoria

Según Durand la caída en la migración es un fenómeno temporal, pues en la medida que mejore la economía estadounidense habrá más oportunidades de empleo para los indocumentados.

Pero es difícil volver a las cifras que hubo en la década pasada, cuando emigró un promedio de 500.000 mexicanos cada año.

Ahora el flujo anual de indocumentados es menor a 300.000 personas, según datos oficiales.
Esto no significa que el fenómeno se detenga en el corto plazo, sobre todo porque la economía mexicana no crece al ritmo necesario.

A este proceso los especialistas le llaman "joroba migratoria", es decir, durante varios años el flujo se mantiene en crecimiento, pero después empieza a bajar. Algo que ya ocurre en México, según los especialistas.

Fin del programa espacial crea desempleo en la Tierra

El lanzamiento del Atlantis pone fin a una era en la NASA.

Cuando los cuatro ocupantes del Atlantis regresen de la Estación Espacial Internacional, 12 días después, concluirá una etapa de 30 años de transbordadores espaciales.

Ese momento será muy especial para más de 8.000 personas que actualmente trabajan en el Centro Espacial Kennedy, en el estado de Florida, desde donde se lanzan los transbordadores. Ingenieros, técnicos y personal administrativo se despedirán de la NASA y tendrán que salir a buscar empleo.

Vea en este video de Carlos Chirinos y Lorena Arroyo de BBC Mundo cómo la denominada "Costa Espacial" de Florida trata de reiventarse para vivir este cambio.

El mejor cacao del mundo teme el control estatal


Andrés Herreras se abre paso a través de la espesa maleza de la selva en las afueras del pueblo de Panaquire, en busca de vainas de cacao maduras.
Sarah Grainger

Ha estado cultivando estas seis hectáreas de tierra en el este de Venezuela por más de 40 años, usando sólo su machete y sus manos.

Miles de agricultores como Herrera trabajan pequeñas plantaciones de cacao en la nación latinoamericana.

Su producción es pequeña, cerca de 15.000 toneladas al año, lo que equivale a menos del 1% de la producción mundial.

Sin embargo, el cacao de Venezuela es supuestamente el mejor del mundo.

Produce una prima de hasta US$1.000 por tonelada por encima del precio promedio del mercado, que subió a un récord de más de US$3.400 en febrero, después de la agitación política en Costa de Marfil, el principal productor mundial.

"Trabajos mejores"

Los granos de cacao criollo o nativo de Venezuela son buscados por los chocolateros de todo el mundo por su falta de amargura y su sabor.

Los aficionados dicen que contiene toques de almendra, caramelo y azúcar moreno.

Aunque alguna vez fue la principal fuente de divisas del país, el cacao cayó en el abandono después de que Venezuela encontrara petróleo a principios del siglo XX.

Las grandes haciendas dejaron de funcionar o fueron abandonadas y el cultivo quedó casi exclusivamente en manos de los pequeños agricultores.

Actualmente luchan por ganarse la vida con la cosecha.

"Por lo general tengo más ayuda con la cosecha, pero ahora se me hizo duro porque las personas que me ayudan han recibido ofertas de trabajos mejores la construcción de una nueva presa cercana", dice Andrés Herreras.

Controles estatales

El presidente Hugo Chávez quiere darle un nuevo impulso a la industria del cacao y ha declarado que es un "producto estratégico".

El gobierno puso en marcha una planta de procesamiento de cacao en la zona oriental del país, gracias a fondos de Cuba, y ya terminó de construir una nueva fábrica de chocolate y una escuela para chocolateros.

Sin embargo, los productores de chocolate privados toman con cautela esta política presidencial.

Su miedo es que sea el puntapié para una estatización de toda la industria y apuntan a la participación del gobierno en el sector del café como una señal de advertencia.

Y es que el control estatal de los precios de esa materia prima ha hecho casi imposible para los productores ganar dinero.

Alto precio

Los pequeños productores de cacao dicen darle la bienvenida a la ayuda del gobierno, pero quieren ser consultados sobre cómo debería ser esa ayuda.

"Si no tienen en cuenta nuestros consejos y opiniones sobre lo que la industria necesita, será como darnos la comida sin un cuchillo o tenedor con que comerla", dice Esteban Martínez, de Asoprocave, una asociación que representa a los pequeños agricultores de cacao en Venezuela.

Otros implicados en la industria dicen que ya saben lo que se necesita para darle un giro a la producción de cacao en Venezuela y que tienen un plan a 15 años.

"Esto va a requerir una inversión del orden de US$500 millones durante ese período de tiempo", dice Jorge Redmond, presidente de la fábrica de chocolate El Rey.

La producción podría aumentar a 70.000 toneladas al año, dice Redmond, siempre y cuando los rendimientos se incrementan en las plantaciones existentes y se destinen 25.000 hectáreas adicionales para el cultivo.

"Desafortunadamente, hasta ahora no hemos encontrado ningún punto de contacto entre el gobierno y el sector privado para hacer tal cosa", añade.

Los productores en todas las áreas de la industria no están seguros de si se beneficiarán con la inversión pública o si, por el contrario, pagarán un alto precio por la participación del Estado en el negocio del cacao.

Adiós al vino: ¿está ocurriendo lo impensable en Francia?


Un viejo amor de los franceses parece sentir el desgaste del tiempo: la tradicional pasión de esta sociedad por el vino como un elemento distintivo de su cultura está en pleno declive, afirma un nuevo estudio.
Gerardo Lissardy

El cambio se constata tanto en el marcado descenso del consumo de vino en Francia como en una actitud más distante de los jóvenes hacia esa bebida, según el trabajo de expertos del Grupo Escuela Superior de Comercio de Pau (ESC Pau) y la Universidad de Toulouse 1 Capitole.

"De manera global, el consumo de vino en Francia a lo largo de las generaciones está experimentando una merma", dijo Pascal Poutet, coautor del estudio, en diálogo con BBC Mundo.

"Lo que es muy extraño es que Francia está considerado como el país de gran consumo de vino", agregó.

Cambia, todo cambia

Los expertos se basaron en investigaciones previas según las cuales el consumo de vino en Francia descendió de 50 millones de hectolitros en 1980 a 32 millones en 2008.

En promedio, se estima que un francés adulto bebe como máximo una botella de vino por semana.

Una de las razones de esta caída, explicó el estudio, es la disminución en la cantidad de franceses que beben vino regularmente, que una proyección ubica en 16,5%.

Pero también se ha registrado un aumento en la cantidad de franceses que directamente evitan consumir vino, que se duplicó entre 1980 y 2005 para llegar a 38% del total.

Esto, sumado al crecimiento de los consumidores ocasionales, ha llevado a expertos a preguntarse qué está ocurriendo en el país donde beber vino era una suerte de ritual sagrado hasta hace poco tiempo.

Cuestión generacional

Para entender el fenómeno, los autores del estudio dividieron a la población francesa en distintos grupos de edad y concluyeron que los mayores de 65 años son los más proclives al consumo diario de vino.

Entre quienes tienen de 30 a 40 años, denominados "Generación X", el consumo se vuelve algo más "ocasional y festivo", asociado en parte a reuniones con amigos o recepciones laborales, explicó el trabajo.

Y para los menores de 30 años, "el consumo de vino está fuertemente asociado con momentos excepcionales como reuniones familiares a fin de año o cumpleaños (y) aniversarios de bodas", agregó.

"Entre los jóvenes, el vino es algo que va perdiendo valor" y "no tiene tanta nobleza en su representación simbólica", comentó Poutet, que realizó el estudio junto a Thierry Lorey.

Según Poutet, una razón del cambio es que "la mayoría de los jóvenes no han sido educados dentro de algunos principios tradicionales de herencia de un patrimonio que se transmite de una generación a otra".

"No hay más vino"

Los expertos apuntan además a otro tipo de explicaciones, desde las campañas y controles para evitar que los conductores de vehículos beban alcohol hasta una variación en el ritmo de vida de los franceses.

Se trata de todo un "cambio cultural", según el psiquiatra Alain Rigaud, presidente de la Asociación Nacional francesa de Prevención en Alcohología y Adictología (ANPAA).

"Soy casi sexagenario y cuando era niño la población francesa que trabajaba paraba al mediodía y retomaba a las 14 horas", dijo Rigaud a BBC Mundo. "El vino estaba en la mesa y era parte del menú de mediodía y noche".

Pero apuntó que, en las últimas tres décadas, la organización del trabajo y la vida en Francia ha tomado costumbres anglosajonas y eso también ha cambiado el vínculo de la gente con Baco.

"La jornada (laboral) sigue, almorzamos rápidamente un sándwich o una comida rápida", dijo. "No hay más vino".

Rigaud sostuvo que esto representa un "cambio muy positivo" para la salud pública de Francia, aunque el país continúe a la cabeza de los mayores productores y consumidores de vino del mundo.

"Evolución"

Tampoco los expertos vinculados a la producción y comercialización de vino se muestran demasiado inquietos por esta transformación francesa.

Marie-Christine Tarby, presidenta de Vino & Sociedad, un grupo que agrupa a los actores de la industria vitivinícola en Francia, sostuvo que "no necesariamente" se trata de algo negativo.

"Pasamos de un consumo energético en los años ’50 hacia un consumo cualitativo y de apreciación", comentó Tarby en diálogo con BBC Mundo.

A su entender, eso se debe a una "evolución" del vino en Francia, donde actualmente la mayoría de la producción tiene una apelación de origen controlada y la calidad de los caldos ha mejorado con el tiempo.

Algunos especialistas creen que este fenómeno, junto al creciente apetito de China y otros mercados externos por el vino francés, provocó un aumento en el precio, volviéndolo menos accesible a los jóvenes.

Pero Tarby rechazó esta idea: aunque admitió que hay botellas de "alta gama" que son caras, también dijo que "hay una cantidad de vinos muy accesibles que justifican el tiempo de apreciarlos".

Pero comentó que el cambio generacional plantea dudas sobre la vigencia de la unión del vino con la gastronomía francesa, que el año pasado fue declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO.

"¿Será capaz Francia de mantener ese modelo?", preguntó. "¿Somos capaces en la vida actual de mantener el matrimonio entre un vaso de vino y un plato preparado?".

En China, a ellas les gustan los autos veloces y a ellos las carteras


Al hablar de artículos de lujo, la percepción suele ser que los hombres prefieren los automóviles veloces y el whisky, y las mujeres las carteras de diseñadores y las cremas faciales.

Esto podría ser válido para algunos países de Occidente, pero en China no es así.

En la nación asiática -uno de los mercados de productos de lujo de mayor crecimiento en el mundo- sucede algo bien distinto, para sorpresa de muchas empresas occidentales que se han visto obligadas a repensar algunos estereotipos que albergaban sobre las preferencias masculinas y femeninas.

Según el diario británico Financial Times, compañías del sector de la moda como la italiana Prada y la estadounidense Coach International (fabricante de productos de cuero), así como la firma francesa de cosméticos L'Oréal, el grupo de bebidas con sede el Londres Diageo y la automotriz de Italia Maserati, han caído en la cuenta de que los artículos de lujo tienen un perfil más unisex en China y han reajustado su estrategia de forma acorde.

Todas ellas han abierto bien los ojos ante el más reciente hallazgo del marketing: que las mujeres chinas compran muchos más carros deportivos y botellas de whisky que sus congéneres occidentales, mientras que los hombres en China adquieren muchas más carteras y cremas faciales que los varones en Occidente.

Y éste no es un dato menor para los ejecutivos. Según la analista de la BBC Frances Cronin, China es la plaza por conquistar para las empresas de Europa y Estados Unidos, donde los problemas económicos han desalentado el consumo de artículos de lujo.

¿Mundo al revés?

Los observadores citan varias razones para explicar las "inusuales" preferencias de hombres y mujeres en el gigante asiático.

Comenzando por lo general, recuerdan que China tiene hoy en día unos 500.000 millonarios.

Según el banco de inversiones británico Barclays Capital, la población de ese país compra un 12% de todos los productos de lujo a nivel global.

Y para 2020, el gigante asiático se habrá convertido en el mercado de artículos suntuosos más grande del mundo y representará el 44% de las ventas.

Para entonces, China estará comprando más productos de este tipo que lo que adquiere actualmente el planeta entero.

En este contexto de rápida expansión del sector en la segunda economía mundial, las mujeres parecen el género más dinámico.

Según la consultora McKinsey, las chinas están incrementando su gasto en productos de lujo a un ritmo dos veces más rápido que los hombres.

Además, cada vez hay más empresarias mujeres.

Ante esta situación, las compañías han sacado algunas interesantes conclusiones.

Por ejemplo, los fabricantes de autos de lujo han descubierto que el deseo de los ricos de manejar carros veloces es unisex. Maserati dice que el 30% de sus clientes en China son mujeres, mientras que en Europa y EE.UU. ese porcentaje no supera el 5%.

Por su parte, el grupo Diageo afirma que las chinas beben más su whisky Johnnie Walker que los chinos y que, por eso, quiere convertir a la marca en "bilingüe" desde el punto de vista del género.

Carteras masculinas

Quizás uno de los datos que más ha despertado la curiosidad de los expertos en marketing es la comprobación que hizo Coach International: que los hombres representan el 45% del mercado de carteras de lujo y de accesorios en China, un rubro que asciende a US$1.700 millones.

Mientras, a nivel global, esa proporción es del 15%.

Un vendedor de la tienda de Prada en Shanghái le dio al Financial Times una posible pista sobre el origen de esta preferencia.

Los chinos adinerados, explicó, buscan carteras masculinas de lujo porque suelen llevar mucho efectivo a cuestas.

"Gastan gran cantidad de dinero, pero numerosos comercios no aceptan tarjetas de crédito", señaló.

Para Victor Luis, presidente de Coach International, las carteras masculinas son populares en China no sólo porque satisfacen necesidades prácticas, sino también porque, culturalmente, usarlas no disminuye la hombría.

Lo mismo ocurre con las cremas faciales y otros productos cosméticos para hombres, dicen por su parte en L'Oréal.

El grupo francés asegura que vende más artículos de este tipo en China que en Europa occidental.

Según los expertos en marketing, como prueba de ello alcanza con observar, por ejemplo, a los políticos de alto rango (en su mayoría ancianos): en muchos casos, el uso de tintura para esconder las canas es más que evidente.

Lo que ya no puede ocultarse es que, conforme ascienden en la economía mundial, los chinos y las chinas se vuelven cada vez más coquetos. Y esa coquetería rompe, en uno y otro género, los preconceptos occidentales.